la importancia de la agricultura ecológica

 

Insecticidas en los alimentos, la exposición cotidiana

Son usados como insecticidas, herbicidas y fungicidas para usos agrícolas, en el mantenimiento de parques y jardines y en el control de plagas.

 

Pueden producir intoxicaciones, suicidios, disminución de la fertilidad, abortos espontáneos, alteración de funciones hormonales y mayor riesgo de cáncer. De las 500 sustancias autorizadas, entre 50 y 70 de ellas son muy preocupantes, porque son alteradores hormonales (disruptores endrocrinos).

 

En el cuerpo se almacenan y se bioacumulan residuos de pesticidas usados en la agricultura que han contaminado los piensos de los animales o que han pasado a la cadena alimentaria humana a través de la alimentación. Muchos son persistentes, por lo que se acumulan en los tejidos grasos.

Con el glifosato, la polémica está servida

 

El glifosato es un herbicida de amplio espectro que fue por primera vez comercializado por Monsanto con el nombre de Roundup en la década de 1970. Desde que su patente caducó en el año 2000, numerosas compañías producen hoy glifosato con diferentes nombres comerciales. Sin embargo, el Roundup de Monsanto sigue siendo el herbicida más vendido en el mundo.

 

Al ser un herbicida de amplio espectro, mata a todas las plantas sobre el que es aplicado, no solo las “malas hierbas”, excepto los cultivos transgénicos que han sido modificados para ser tolerantes a este compuesto, lo que permite su uso indiscriminado sobre estos.

Millones de hectáreas de tierras de cultivo, los parques y hasta las aceras son rociadas con glifosato cada año en todo el mundo.
En marzo de 2015 la Agencia para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha clasificado el glifosato como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Esta clasificación se basa en la evidencia limitada en seres humanos pero una fuerte evidencia de que es cancerígeno para los animales. También se sospecha que actúa como un disruptor endocrino y que es tóxico para la reproducción.

Los científicos han detectado este "probable" carcinógeno humano en nuestro aire, la lluvia, e incluso en nuestros cuerpos.Impactos en el medio ambiente

 

 El uso de glifosato tiene graves impactos en el medio ambiente, puesto que afecta a los demás seres vivos como a los seres humanos, contamina los suelos y el agua. Hay evidencias científicas suficientes que demuestran que el glifosato tiene un impacto perjudicial sobre los organismos acuáticos, desde algas microscópicas hasta peces y moluscos, pasando también por las ranas y sus renacuajos pero también puede afectar a organismos del suelo, como las lombrices de tierra, fundamentales para mantener e incrementar la fertilidad del suelo.

Por otro lado, el uso del glifosato puede tener un impacto directo en plantas no-objetivo pudiendo conducir a una pérdida de especies silvestre que incluso pueden estar amenazadas. También impacta en la reducción generalizada de la diversidad y cantidad de especies y puede afectar seres vivos cruciales para la agricultura, como son los polinizadores, puesto que disminuye la diversidad y la oferta de alimento.

Además, su uso masivo, sobretodo asociado con los cultivos transgénicos que son tolerantes a este compuesto, hace que las “malas hierbas” se vuelvan más resistentes y sea mucho más difíciles de erradicar, ampliando el uso de sustancias químicas peligrosas aún más y las concentraciones utilizadas (se pasan a utilizar otras sustancias e incluso a mezclar varias). Todo ello reduce aún más los ya escasos beneficios económicos de los agricultores.

 

La industria química en sus agresivas campañas de marketing nos ha querido convencer que hoy en día no es posible mantener la agricultura sin recurrir a los insumos químicos de síntesis (fertilizantes y plaguicidas). Esto está llevando a la agricultura a un callejón sin salida al provocar el desequilibrio ecológico, pero crea una dependencia absoluta respecto a los insumos agrícolas. Las compañías químicas velan así por sus intereses (el máximo beneficio económico) sin mirar al interés general (salud pública y protección del medio ambiente).

Sin embargo, la agricultura ecológica muestra cada día que no solo es la mejor opción para proteger nuestra salud y el medio ambiente sino que es capaz de alimentar al planeta si se hacen las inversiones adecuadas y ser una fuente imparable de empleo verde.

Muchas son las técnicas que se utilizan en la agricultura ecológica, silvicultura y jardinería para controlar las plantas adventicias. Entre ellas se encuentra el incremento de la diversidad de cultivos, la rotación de cultivos, la eliminación manual y mecánica, los acolchados o el pastoreo.

Las plantas adventicias en las lindes de los cultivos son incluso benéficas pues son fuente de alimento diverso para las especies polinizadoras como las abejas y refugio de especies beneficiosas que ayudan a controlar las potenciales plagas de insectos.

En modelo de agricultura ecológica se promueve el equilibrio ecológico basado en la biodiversidad, siendo la única forma de garantizar alimentos sanos para hoy y también en el futuro.

 

La Comisión Europea ha confirmó el miércoles 29 de junio su decisión de renovar el permiso de utilización del polémico herbicida glifosato por un nuevo periodo de 18 meses, es decir, hasta el 31 diciembre de 2017.

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